miércoles, 5 de marzo de 2008


Diez Puntos de Unidad entre las Religiones Mundiales


Ese es el título de una presentación que el Dr. Andrew Wilson, a quién le dio a una conferencia que brindó en 1992 en Francia. El Dr. Wilson es autor de una brillante recopilación de lo que piensan las religiones mundiales acerca de por lo menos 150 valores y virtudes referentes a las cuestiones existenciales; las conductas personales y sociales; el valor de la vida humana y por supuesto sobre Dios.
Según Wilson esos diez puntos que pueden ser los fundamentos para acercar las religiones y crear una acción común:
El primer punto es “Hay una Realidad Absoluta y Última, o sea un Dios Trascendental, que define el origen y el propósito de la vida y con el cual los seres humanos tienen Afinidad”. Dicho de otra forma existe un único Dios, que es el Creador de todos los seres humanos y la hermandad que surge de esa relación, está por encima de cualquier diferencia circunstancial del momento ya sea de dogma o ideología política.
El segundo dice: “El universo tiene un propósito y un orden moral, los seres humanos están bajo leyes espirituales y cada persona cosecha los frutos de sus acciones” Esta enunciación esta influida en su redacción - en mi opinión- por el “Credo” de Benjamín Franklin. Dice que el Cosmos no es fruto de la casualidad, sino que tiene un propósito que viene del Creador y que hay leyes naturales que son la base de la ley moral. Los seres humanos son más que animales y se rigen en cuanto espíritu eterno por leyes espirituales. Lo que uno recoge es lo que siembre. No hay quienes están determinados de antemano a ser salvos y otros perdidos, el uso moral de nuestro libre albedrío determina nuestro destino eterno.
El tercero es: “Cada persona tiene un destino eterno, una vida después de la muerte; eluniverso incluye varios niveles espirituales” Los seres humanos somos un ser espiritual eterno que sigue viviendo después de la muerte física en otra dimensión de la vida en donde los “niveles” no están determinadas por nuestra posición externa en el mundo terrenal sino por nuestro crecimiento espiritual y la grandeza de nuestro corazón. Una manera de expresar esto sería la siguiente: Aquí en la Tierra alguien puede ser reverenciado y rodeado por su poder material del cuál abusa en su propio beneficio, pero la gente en realidad no siente cariño hacia él sino tal vez desearía no verlo. Esa persona en el mundo espiritual, un mundo que se rige por otras leyes esa persona estará solo, nadie querrá estar con él. Ese estado de soledad es un verdadero infierno.
El cuarto principio es “Hay una Meta Suprema (la salvación, la iluminación, la liberación, la realización) que, en su forma básica, está al alcance de cada persona”. Hay distintas palabras según la religión para definir el estado en el que el ser humano alcanza ser uno con Dios, pero lo importante es que afirma que eso no esta sólo a disposición – como ya dijimos – de algunos todos pueden alcanzar la santidad.
El quinto afirma que “El ser humano está manchado por un estado de maldad que no deja a la persona alcanzar esta Meta Suprema sin ayuda de terceros”. Las religiones monoteístas sostienen que hay un pecado original en el ser humano, una naturaleza no original que lo lleva hacia la maldad. Otras creencias como el budismo por sus propias enseñanzas reconocen ese estado de la humanidad. Y todas de una forma u otra reconocen que los seres humanos necesitan de Dios y Dios de profetas y de un Mesías para guiar a los pueblos y naciones hacia el establecimiento del Reino de Dios y salir de ese conflicto interno que atormenta a los “hijos de Dios”.
El sexto enunciado es “Cada persona es libre y responsable de su crecimiento personal, pero no puede alcanzar esta libertad plenamente, hasta que se solucione este estado de maldad humana” Hay aquí una conjunción de dos puntos: el libre albedrío y la esclavitud humana al pecado. Dice así todos somos libres y responsables de tomar el camino correcto pero en ese camino se interpone el pecado que esta en uno. En el cristianismo la parábola de Jesús sobre el olivo silvestre y el olivo verdadero y el sinceramiento de Pablo sobre las dos fuerzas que pugnan en su ser llevándolo a hacer el mal que no quiere son buenos ejemplos de este punto.
Como séptimo punto, Wilson pone esto “Cada persona tiene obligaciones éticas en su ambiente de familia, de sociedad y en su lugar particular en el mundo”. Fuimos creados como seres morales destinados a crecer y vivir plenamente dando sin límite. Viviendo por el bien de los otros: mi familia, mi sociedad, el mundo.
El octavo punto tiene que ver con la actitud interna. Dice: “El camino para convertirse en una persona moral, consiste en la práctica del control sobre su cuerpo y de la auto-negación”. Hay páginas magnificas en los libros sagrados de todas las creencias acerca de que el camino a la santidad pasa por el dominio de la mente sobre el cuerpo y por la postergación de sus ambiciones en beneficio de una causa mayor, por ejemplo su familia, sus hijos, su comunidad, etc.
En penúltimo lugar afirma: “El camino para la bondad, radica en el amor y el auto-sacrificio”. Bueno aquí rescatamos al amor como el valor supremo y que sólo cuando nuestras acciones – por más que externamente parezcan buenas – tienen un amor verdadero atrás, son bondadosas.
El décimo y último principio dice que “Tanto el conocimiento de la Realidad Última y Absoluta, como así también el camino hacia la salvación, nos viene a través de los distintos fundadores de las diversas religiones, que alcanzaron conocimientos y revelaciones particulares, tocando puntos más allá del conocimiento obtenido solamente con la razón”. Aquí hay dos tesis centrales: a) Dios ha hablado todas las grandes tradiciones religiosas revelando su plan y voluntad y b) Esa palabra vino a través de profetas y sabios que la adquirieron por algo más que la razón que es la comunicación espiritual con la Realidad Ultima y con el mundo espiritual a través de la oración y meditación.
La existencia de un Dios, Padre de toda la Humanidad; el que constituimos una Familia Mundial; el propósito moral de nuestra existencia; la dimensión espiritual de la vida; nuestra capacidad de decidir quienes somos y adonde moraremos en la vida eterna; el amor y el vivir por el bien de los demás como base de nuestra ética; el reconocer que el mal mora en nosotros y que podemos y debemos apartarnos de él; el ver que Dios nos envía profetas para enseñarnos como llegar a ser sus hijos verdaderos; y que no sólo por la razón podemos conocer a Dios en forma íntima por que esto implica algo más allá que un concepto abstracto, parecen ser puntos más importantes que las diferencias de dogma. En realidad a los creyentes hay más cosas que nos unen que las que nos separan.